Aborto Clandestino

notes
Author

FV

Published

May 24, 2026

Comienza el día como cualquier otro en la localidad de La Montaña: un día soleado, con una taza de café en la mano y una conversación pendiente. —Tenemos algo de qué hablar, Barclay —dijo Lucie. —¿Y ahora qué pasa? —respondió él. —Estoy embarazada, ya me hice la prueba —afirmó ella. —¿Y ahora qué haremos? —preguntó él. —Realmente no lo sé, estoy preocupada. Recuerda que tenemos el viaje pronto. —¿Has hablado con alguien de esto? —No he hablado con nadie, solo contigo, y no quiero decirle nada a mi familia, menos a mi madre —confesó la joven, confundida.

Barclay, abrumado e impactado por la noticia, no tuvo una explosiĂłn de alegrĂ­a; al contrario, sintiĂł que se habĂ­a cruzado una lĂ­nea delicada. No era el momento de tener un hijo ni de asumir la responsabilidad sin tener una planificaciĂłn de absolutamente nada. Lo curioso era que ella se estaba cuidando con medicamentos orales, pero algo habĂ­a fallado.

Ambos impactados por la noticia, se quedaron mirándose fijamente, tratando de descifrar lo ocurrido y maquinando mentalmente, cuál será el siguiente paso.

Después de unos 45 minutos conversando del tema, llegaron a la conclusión que no tenían dinero ni para la cena de esa noche, además, en poco tempo era el viaje por motivos de trabajo. Sentían presión mutuamente por varias razones: familia, condiciones económicas, espacio físico y el bendito viaje.

El día estaba por terminar y no se conversó más del tema, no había nada en la nevera para cenar, era el momento de salir a comprar un par de cosas con el poco dinero que quedaba. Barclay, no sabía cocinar prácticamente nada, era un joven dedicado a sus estudios y su trabajo eventual, fácilmente podía hacer un desmadre en la cocina. Como decía su abuela, solo es bueno para comer y preguntar.

Esa noche no fue habitual, estuvo invadida por el frío, por un retumbante silencio y por múltiples preocupaciones. Lucie no estaba cómoda, su costumbre era notificar a su madre por cualquier acontecimiento por mínimo que fuese y esta vez, tratándose de su embarazo, era algo muy importante que no podía callarse por mucho tiempo, la situación era para ambos una granada en la mano. Al despertar las primeras miradas del día trasmitían la pregunta, —¿Qué haremos ahora? —pregunta ella, antes del saludo de buenos días.

Era evidente que la tensión y la preocupación se aceleraban cada hora. El joven Barclay pensaba en debía contarlo o tal vez asistir a un centro médico y evaluar mejor la situación. Días atrás, ambos habían visto una película sobre hijos y familia.

En ese tiempo, ellos compartían como estudiantes cada uno en su casa, pero en ciertas noches disfrutaban de disfrutar de cenas y pasiones de jóvenes universitarios: hacer deporte, estudiar inglés, ir de compras, salir a comer y dormir juntos. La joven morena, era amable, cristiana y muy familiar, mucho más que el joven, él era alto, pálido y católico, un tanto menos familiar, su familia estaba muy pendiente de sus actividades pero no presente físicamente, vivían en otra localidad.

—