Comienza el dĂa como cualquier otro en la localidad de La Montaña: un dĂa soleado, con una taza de cafĂ© en la mano y una conversaciĂłn pendiente. —Tenemos algo de quĂ© hablar, Barclay —dijo Lucie. —¿Y ahora quĂ© pasa? —respondiĂł Ă©l. —Estoy embarazada, ya me hice la prueba —afirmĂł ella. —¿Y ahora quĂ© haremos? —preguntĂł Ă©l. —Realmente no lo sĂ©, estoy preocupada. Recuerda que tenemos el viaje pronto. —¿Has hablado con alguien de esto? —No he hablado con nadie, solo contigo, y no quiero decirle nada a mi familia, menos a mi madre —confesĂł la joven, confundida.
Barclay, abrumado e impactado por la noticia, no tuvo una explosiĂłn de alegrĂa; al contrario, sintiĂł que se habĂa cruzado una lĂnea delicada. No era el momento de tener un hijo ni de asumir la responsabilidad sin tener una planificaciĂłn de absolutamente nada. Lo curioso era que ella se estaba cuidando con medicamentos orales, pero algo habĂa fallado.
Ambos impactados por la noticia, se quedaron mirándose fijamente, tratando de descifrar lo ocurrido y maquinando mentalmente, cuál será el siguiente paso.
DespuĂ©s de unos 45 minutos conversando del tema, llegaron a la conclusiĂłn que no tenĂan dinero ni para la cena de esa noche, además, en poco tempo era el viaje por motivos de trabajo. SentĂan presiĂłn mutuamente por varias razones: familia, condiciones econĂłmicas, espacio fĂsico y el bendito viaje.
El dĂa estaba por terminar y no se conversĂł más del tema, no habĂa nada en la nevera para cenar, era el momento de salir a comprar un par de cosas con el poco dinero que quedaba. Barclay, no sabĂa cocinar prácticamente nada, era un joven dedicado a sus estudios y su trabajo eventual, fácilmente podĂa hacer un desmadre en la cocina. Como decĂa su abuela, solo es bueno para comer y preguntar.
Esa noche no fue habitual, estuvo invadida por el frĂo, por un retumbante silencio y por mĂşltiples preocupaciones. Lucie no estaba cĂłmoda, su costumbre era notificar a su madre por cualquier acontecimiento por mĂnimo que fuese y esta vez, tratándose de su embarazo, era algo muy importante que no podĂa callarse por mucho tiempo, la situaciĂłn era para ambos una granada en la mano. Al despertar las primeras miradas del dĂa trasmitĂan la pregunta, —¿QuĂ© haremos ahora? —pregunta ella, antes del saludo de buenos dĂas.
Era evidente que la tensiĂłn y la preocupaciĂłn se aceleraban cada hora. El joven Barclay pensaba en debĂa contarlo o tal vez asistir a un centro mĂ©dico y evaluar mejor la situaciĂłn. DĂas atrás, ambos habĂan visto una pelĂcula sobre hijos y familia.
En ese tiempo, ellos compartĂan como estudiantes cada uno en su casa, pero en ciertas noches disfrutaban de disfrutar de cenas y pasiones de jĂłvenes universitarios: hacer deporte, estudiar inglĂ©s, ir de compras, salir a comer y dormir juntos. La joven morena, era amable, cristiana y muy familiar, mucho más que el joven, Ă©l era alto, pálido y catĂłlico, un tanto menos familiar, su familia estaba muy pendiente de sus actividades pero no presente fĂsicamente, vivĂan en otra localidad.
—